domingo, diciembre 12, 2010

El Spa

Hace pocos años había unos establecimientos llamados balnearios, herederos de los lugares de veraneo de la aristocracia del XIX, como el descrito en La Montaña Mágica, que habían quedado superados por el descubrimiento de lugares como Benidorm , Ibiza y Marbella.

En su mayoría habían adquirido un aspecto decrépito, habitados por abuelos en albornoz que arrastraban los pies por pasillos largos y solitarios, como sacados de un hospital rumano de la época de Ceaucescu.

La vida en estos lugares comenzaba con un baño mañanero, en unos habitáculos con azulejos blancos y olor a azufre, que parecían auténticas salas de tortura de la Stasi ; después misa multitudinaria y paseo alrededor de los jardines del lugar, paseo que por los participantes adquiría cierto revival del vídeo de thriller;la comida era de estilo carcelario o de Colegio Mayor, ambas tan parecidas aunque no conozca directamente ni una ni otra, y en ella nunca faltaba la sopa Avecrem, el jamón de york crudo con una tortilla francesa más sosa que Solbes haciendo un documental de hormigas en La2, y de postre un yoghurt natural, sin azúcar y de marca desconocida.

La tarde se componía de siesta, duelo de brisca en la cumbre , rosario y cena igual de sosa que la comida pero con una merluza congelada hervida que estaba más seca que el mar de Aral. Esto lo cuento, porque lo viví en carne propia acompañando a mi abuela en uno de estos balnearios cuando era pequeño.

Por eso me sorprendió allá por los 90 que las concentraciones de la selección española de fútbol se comenzaran a realizar en un balneario, el de Puente Viesgo. No me cuadraba que Guardiola, el Manneken Cologne, Cañizares, Raúl, Hierro y compañía estuvieran en albornoz comiendo jamon de york crudo y bañándose a manguerazos de aguas termales.

Algún figura vió el negocio, pero también que había que darle nuevo nombre al asunto y así surgió el SPA, la hidroterapia, la thalassoteraphia, la aquatherapia y demás negocios ligados a los baños y balnearios de toda la vida. Pero también era claro que había que cambiar esas salas de baño más propias de un psiquiátrico a lo "Alguien voló sobre el nido del Cuco", si lo que se quería atraer era a un público objetivo de parejas jóvenes sin hijos o cuarentones bien situados .

Para ello lo primero fue cambiar el azulejo blanco por el gresite. No hay Spa sin gresite como no hay Navidad sin reportaje de los polvorones en Estepa. Lo segundo, cambio del rollo Imserso por rollo Zen, ya sabéis mucho buda, incienso y música chill-out como los restaurantes modernosos.

Y así , ahora no hay hotel que abra que no añada a su nombre el consabido Spa y hasta hoteles clásicos han añadido a su nombre el dichoso Spa. Luego la verdad es que para mí el concepto está demasiado sobrevalorado.

El Spa te ofrece magníficos y caros tratamientos de lo más diverso para curar ansiedades, estresses o dolores de espalda : con chocolate, barros del mar muerto, barros rojos, barros azules, vinos, piedras de no sé donde...Pero de lo que disfrutamos el común de los mortales es de lo gratis, lo "by the face", que lo suelen denominar Circuito Termal.

Y un circuito termal es siempre lo mismo: piscina a la que vierten 3 o 4 chorros en plan cascada, alguno de los cuales tiene tal fuerza que resulta imposible situarse bajo el mismo. Ya he visto más de una maruja pasar más que apuros al tratar de ponerse bajo un Iguazú de estos. Luego está el Jacuzzi, donde habitualmente es imposible entrar porque siempre que vas hay una pareja que se pasa la mañana en el Jacuzzi dándose arrumacos, y temes que si entras algo toques o te toque; o familias enteras que ponen su bandera en el Jacuzzi, y se turnan en las salidas del mismo siendo imposible el acceso al mismo porque siempre hay un par de ellos estirados de punta a punta.

Un inciso. A mí,el jacuzzi, con gente que no conozco, como que me da pudor .Estoy tenso y siempre tengo la impresión de que si me relajo voy a tocar con mi pierna algo que no quiera bajo las burbujas. Por eso soy reticente a entrar en Jacuzzis habitados.

Luego está el rollo de las duchas escocesas, que no es un juego erótico ni una tortura. O sí, porque lo de pasar por duchas de calor y frío secuencialmente te puede llevar a confesar el asesinato de JFK.

Y por último, lo del baño turco y la sauna, sitios donde te achicharran hasta límites insospechados, pero que aceptas pensando que te van a bajar a base de sudar los resultados del asalto al buffet de la mañana. En algunos , a la salida de los achicharraderos tienen una fuente de hielo para continuar con el cuento del frío y calor, fuente envidiable para hacer mojitos que nunca ponen.

El engaño ha ido más allá y se ha tratado de llevar el concepto a las casas propias donde florecen columnas de baño con mil chorros, duchas efecto lluvia y jacuzzis infrautilizados en la mayoría de los casos. Y es que aunque queda muy bien al enseñar la casa, decir: " Y aquí el baño con el jacuzzi, que me ayuda a recargar las pilas y eliminar el estress"... Que levante la mano el que utilice habitualmente el jacuzzi de su casa.

Yo he utilizado una vez los chorros de mi columna, pero porque me confundí al girar el mando.

2 comentarios:

El niño desgraciaíto dijo...

Magistral descripción de los balnearios decrépitos. Mi abuela iba a Baños de Montemayor en Cáceres y era tal cual lo cuentas.

Respecto al Spa, a mí me gusta. No la ducha escocesa, pero sí el circuito con piscinas de agua caliente y fría y los chorros. Me quedo muy relajado.

La sauna y el baño turco me parecen inventos infernales.

Doctora Anchoa dijo...

Me ha gustado tu opinión de los balnearios o spas. A mí me pasa más o menos como a tí: los jacuzzis me gustan individuales; me da reparo meterme en uno cuando hay gente. El resto de las cosas con agua me gustan. Las saunas... creo que una vez estuve en una cinco minutos de reloj, y decidí que con eso tenía ya para toda la vida.

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