miércoles, junio 15, 2011

Paseando a Miss Daisy

Yo tuve ciertas dificultades en aprobar el teórico de conducir, por eso de buscarle 3 pies al gato a las dichosas preguntas tipo test, buscando dobles sentidos y trampas a cosas que sólo tienen un sentido. Bueno, uno, dos, las dos anteriores o ninguna de las dos anteriores.

Superado el trauma, mi debut, olemishuevos, se produjo en el trayecto Salamanca - Hoyos del Espino un domingo de esos que íbamos a patear a Gredos. Tengo un especial recuerdo del endiablado tramo Barco de Ávila - Hoyos, donde en 30 km tenías exactamente 4 tramos de 300 metros como única posibilidad para adelantar con mi Ibiza 1.2 SL. Pues en ese tramo lleno de curvas debuté y realicé mi primer adelantamiento a un camión de ganado que iba a 30 km/h pero tocando indistintamente la tierra de la cuneta de la derecha y la línea blanca de la cuneta de la izquierda.

Luego fui madurando mi conducción en Salamanca hasta que en el año 99, con 6 años ya de carnet y una conducción consolidada aunque con un punto de inconsciencia con respecto a la velocidad, llegué a Madrid. La llegada a Madrid para alguien de provincias siempre es traumática.

Te pierdes mil veces y llegas a aprenderte las rutas de memoria, siendo una tragedia cuando tienes que ir a un sitio nuevo, más si encima es a una de esas urbanizaciones con casas milimétricamente iguales de Las Rozas, o cuando la calle por la que sueles ir está cortada; te pasas de las salidas de M40 y M30 otras tantas, viendo pasar tu salida en la vía de servicio cuando tú vas 5 carriles más a la izquierda; te metes en rotondas de 6 carriles cruzando milagrosamente todos ellos sin coincidencias en el espacio tiempo con otros coches que entran y salen a la misma.

Pero después de pocos meses, tu conducción cambia, ya te cambias de carril sin esperar a que te dejen, y te cuelas en las vías de acceso colapsadas en el último momento. Te conviertes en lo que en Salamanca viene a calificarse peyorativamente como "Conduces como un madrileño".

Pero tú de esto no tienes consciencia hasta un poco más tarde. Es cómo lo del acento de Salamanca, que llevas 25 años viviendo allí y no lo notas, pero te vienes a vivir a Madrid y el tercer fin de semana que vuelves a ver a la familia empiezas a darte cuenta del " hemos ido pahí un rato" y el "¿Qué paaaaasa?".

Pues eso, que ahora cuando voy a Salamanca flipo con la conducción de la gente de Salamanca (entiéndase que el tipo medio, que los del tunning en Salamanca son como los de todos los sitios). La primera cuestión a destacar es el uso de los carriles en aquellas con más de uno por sentido. En Salamanca sólo se usa el carril de la derecha, y no es una cuestión ideológica.

El carril de la izquierda queda para ambulancias y los madrileños. Mi teoría evolutiva tiene que ver con el hecho de que en Salamanca no han existido autovías durante millones de años (los primeros km de autovía son de finales de los 90), por lo cual el carril de la izquierda se sigue asociando al sentido contrario, es decir les acojona el pensar que si van por el de la izquierda les pueda aparecer un coche en sentido contrario. Supongo que cuando pasen un par de generaciones esto irá cambiando, pero de momento, cuando te vayas acercando a una rotonda o un semáforo, verás una bonita caravana en el carril de la derecha y un carril izquierdo limpio.

Y aquí llegamos a otro punto, las rotondas. En salamanca tenían que haber retirado el carnet a todo el mundo cuando se construyó la primera rotonda y repetir el examen práctico con especial hincapié en las rotondas. Evidentemente, en las rotondas de más de un carril, el carril de acceso de la izquierda está siempre limpio y el interior está para hacer turismo y poder observar con mayor detenimiento las horrorosas estatuas que han colocado en el centro de las mismas.

Por otro lado, los diseñadores de rotondas en Salamanca han inventado una nueva forma de rotonda, seguramente confabulados con la patronal de chapistas provincial. En Salamanca, la mayoría de rotondas tiene menos carriles interiores que carriles de acceso. Es decir, las avenidas de 3 carriles tienen rotondas con sólo 2 carriles. Como podéis imaginar los efectos de estas combinaciones son muy fructíferas para el sector de chapa y pintura local.

Pero además es que en Salamanca se ha roto con el paradigma de que una rotonda hace más fluido el tráfico. Además de los efectos de alinearse sólo en el carril de acceso a la derecha, y olvidando el hecho de que de repente te desaparece un carril al acceder a la rotonda, el salmantino cuando llega a una rotonda no accede directamente a ella: para, mira a izquierda y derecha(esto por si hay algún suicida en sentido contrario). Si no hay nadie en la rotonda accede, si hay alguien en algún punto de la rotonda, aunque esté lejos, espera.

Esto ha provocado que curiosamente se hayan puesto de nuevo semáforos para regular los accesos a las rotondas, cuestión creo que única en el mundo, y de este modo asegurar que el salmantino cuando llega a la rotonda no se encuentre a nadie dentro. Es decir, hemos sustituido un semáforo por una rotonda, para luego volver a poner un semáforo manteniendo la rotonda. Ejemplo sin par de eficiencia y lógica.

Otro punto significativo de la conducción a la salmantina es el paso por el semáforo. Un salmantino que ve un semáforo en verde no acelera para pasar, frena para ajustar su paso con el cambio a ámbar y que de este modo el de atrás tenga que pasar en rojo o quede cortado en el semáforo. Es realmente desesperante.

Pero más aún es la salida cuando se pone en verde el semáforo. El salmantino cuando se pone en rojo el semáforo, no se limita a parar sino que saca la marcha y echa el freno de mano aun cuando no haya pendiente. Cuando se abre de nuevo el semáforo, se asegura que han pasado los coches de la vía perpendicular, quita freno de mano, vuelve a asegurarse, mete la marcha y sale tranquilamente no sin antes asegurarse que no hay nada que impida su salida.

Cuando estás el segundo en la parrilla de salida, desespera, pero te vas preparando y sales casi inmediatamente después de que arranque el de la pole. Cuando eres el séptimo en la cola, ves cómo cada uno de los 6 que te preceden no inician el proceso hasta que ha arrancado el que tienen delante. Luego muy probablemente, el sexto sea capaz de llegar a salir cuando el semáforo ya se torna en ámbar y tú probablemente te quedes en la pole.

Pero la gota que puede colmar el vaso de la paciencia, es si a lo anterior le añades que el tío que va en uno de los coches que te precede, en el momento de arrancar ve a un conocido entre los peatones que están esperando a pasar el semáforo o en el coche que viene en sentido contrario y que ya ha empezado a pasar. Esto, casi imposible en una ciudad como Madrid, es muy común en ciudades como Salamanca. Y nada, que el tío, olesushuevos, baja la ventanilla, saca la marcha, pone freno de mano y comienza una conversación tal que así:

- Eahhh !!! Qué paaaasa ?
- Na, paquí dando una vuelta
- Bueno, pues a ver si quedamos pahí un día
- Mu bien. Te llamo si eso un día

Sube ventanilla, mete marcha, quita freno, semáforo ya en ámbar, él pasa acelerando cuando ya está en rojo y tú te quedas en la pole acordándote de tus queridos atascos en la M30.

5 comentarios:

Maria dijo...

Por lo que cuentas, conducir al modo de Salamanca es todo un lujo. Eso de poder permitirse abrir la ventanilla para un "Eahhh!!! ¿qué paaaasa?" con un conocido... ¡haz tú eso en Madrid o Barcelona! (eso, suponiendo que te encuentres con un conocido en la calle!).

Anniehall dijo...

Cuánto tema hay aquí. Lo del carril derecho va a ser de las ciudades que empiezan por Sa, en Santander no se echan a la derecha ni cuando pasan por un acceso a la autovía por el que viene un coche y el carril de la izquierda está limpio. De hecho ellos no aceleran en los carriles de aceleración porque siempre paran al llegar.

Los tuneros de Salamanca son mucho más macarras que los de otros sitios, creo que solo deben de ser comparables a los tuneros valencianos.

La primera vez que fui a Alba flipé con el nivel de macarrismo de los tuneros y, sobre todo con el 'pahí' y lo de usar el verbo caer como transitivo 'vas a caerlo'. Me mata.

En Ávila también paran el coche para hablar con los peatones conocidos. Es tremendo.

Yo aprendí a conducir en Madrid (y ya mayorcita) y por ahí dicen que me estoy convirtiendo en una macarra.

Juanjo ML dijo...

Pues a mí casi me resultan entrañables los salmantinos conduciendo, porque en Madrid sí, espabilados de cojones (y se conduce bastante bien), pero bordes e irrespetuosos al máximo. A los reyes de la salida en el último metro les fusilaría porque encima tienen las santas narices de decir que solo aprovechan los huecos que dejamos los torpes que sí paramos.

A mí no me gustan nada los coches, por eso aprendí a conducir con 28 años por obligación laboral, y recuerdo como anécdota que el primer día del práctico mi profe me sacó a la M30 justo en el cruce de la avenida de América, casi me da un infarto, si me hubiesen puesto a los mandos de un X-wing hubiera flipado menos.

Por cierto, en Jaén, por hacer un poco de localismo, la gente conduce lento, por la derecha, se para sin pudor a charlar un rato y a las rotondas las llaman redondas, lo cual es lógico.

Sheldon dijo...

Lo del carril de la derecha empiezo a pensar que SÍ es una cuestión ideológica, porque, curiosamente, en el pueblo de las calles sin nombre, el único carril que se usa cuando hay 2 es el de la izquierda. Eso sí, cada uno a su ritmo, a 20 a 30, da igual, siempre por la izquierda. Lo de las rotondas, y lo de pararse con los conocidos es igual que en Salamanca. Y los tuneros, en fin, aquí todo el mundo es taaaaaan huevón, que hasta los tuneros van a cámara lenta (por la izquierda, of course).

pseudosocióloga dijo...

Buenísimo y real como la vida misma.

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