lunes, agosto 04, 2008

Personajes en una boda (IX): La vecina no invitada

Este es un personaje que ya mencionábamos en nuestro primer post de la serie, la tía abuela coja, pero sobre el que podemos hablar un poco más.

Típicamente es una vecina, aunque pueden ser varias, una por cada parte, con gran confianza con la madre del novio o la novia. Esta gran confianza se asienta en 4 pilares: la vecina le contó a la madre del novio/a antes que a ninguna otra que su hija se había quedado embarazada; ambas no aguantan a la vecina del segundo que cae agua a la calle cuando riega los tiestos y cuyo perro mea el ascensor cada mañana cuando sale a pasear; el intercambio de regalos , en un sentido en forma de tartas caseras y en el otro de tapetes de ganchillo; y por último la asistencia a los funerales de los respectivos padres cuando murieron.

Por eso, la vecina no comprende cómo ha podido ocurrir, cómo no se han acordado de ella a la hora de hacer la lista de invitados. Seguro que ha sido cosa de la hija que ha sido siempre un lagarta y no perdona que una vez le dijera a su madre que la había visto fumando en la calle y magreándose con su primer novio. Y ella que pensaba regalarle un detallito, por la madre , que por la hija ...

La cuestión es que no está invitada, porque más allá de las apariencias, odian sus tapetes de ganchillo, es una cotilla y además habría que invitar a la del segundo que a su vez no la puede ni ver porque pasa la aspiradora los sábados por la mañana y no deja dormir a su hijo el opositor.

Pero la vecina no se rinde facilmente, y dado que el marco de plata se lo tiene que regalar sí o sí, la invitación es al banquete pero ¿quién ha dicho que no puede ir a la misa? . Como no es cuestión de comprarse un traje para la "no invitación", se pone la ropa de ir a misa los domingos, claramente por debajo del tipo de ropa que se compraría para ir de boda y levemente por encima de la que se pone para ir al mercado. Como a la peluquería no ha ido tampoco, aunque se lava el pelo para la ocasión , su peinado casero y las raíces muy visibles la delatan.

Y allá que se presenta con el firme propósito de remover la conciencia de los que no le han invitado. Para ello emplea la estrategia del "hacerse ver". En la entrada, y aunque nadie se lo pida, se empeña en colocar la cola del vestido de novia ; luego se coloca en un sitio muy cercano al altar, quedando generalmente aislada en un banco. Es curioso el modo en que se rellenan los bancos en estas ocasiones, pero los invitados no suelen compartir banco con gente que no conozcan, por lo que estas vecinas suelen ocupar uno de los mejores bancos inhabilitándolo para el resto de invitados que se empiezan a sentar en un banco por detrás de ella.

Pero como ya habíamos advertido en el post previo, su momento álgido se produce en la comunión. Se mezcla entre la gente que va a comulgar, pero suele generar pequeños atascos al pararse a hablar con la madre del novio/a bien a la ida o a la vuelta, a la que tirando de hipocresía le suelta un " Mu guapa, estás mu guapa y la niña más". Digo esto de la hipocresía porque en realidad al día siguiente destripará a la susodicha, enfurecida por su "no invitación" y enojada por no obtener ningún trato especial en su aparición estelar durante la misa.

A la salida de la iglesia, ya mosqueada tira arroz con auténtica violencia y al ver que no obtiene un trato especial suele ser de las primeras que besa a los novios y se pira a casa a lamerse las heridas , preparando un completo listado de defectos detectados durante su escasa participación: la música no se oía y no hubo ni coro rociero ( prometo post al respecto), son unos cutres , los zapatos de la madrina no pegaban ni de coña con el traje, el cura soltó una homilía de espanto y no se oía nada porque había un niño llorón, el escote de la novia era de putón aunque no se me extraña de esa lagarta, que ya la vi yo con su primer novio....

Lo peor de estos casos es el regalo, auténtica venganza servida muy , muy fría. Dado que no asiste, no da dinero sino un detalle que suele ser tan horroroso como sus tapetes de ganchillo habituales, detalle que encima tienes que ir a agradecerle a su casa como si fuera la cosa más anhelada del mundo. Por todo lo anterior , novios del mundo, dios os libre de una vecina no invitada .

1 comentarios:

Jota dijo...

Pedro, ¡qué post más bueno!

Alguien se dio cuenta de este problema y decidió invitar a todas las vecinas y ponerlas juntas en una mesa. A mí me tocó estar en esa mesa, como único representante masculino (el hijo de una vecina de los padres de la novia). Aún no tengo superado.

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