Decena de años de los Japos invertidos en hacer miniaturas igual de funcionales, ópticas minúsculas de excelente calidad, todo, todo este esfuerzo e imaginación esto se ha ido al carajo. Y el culpable es el cacharro ideado por la compañía del bueno de Jobs que lo mismo sirve para leer el correo, que para escuchar música o ver fotos; que lo mismo te entretiene a un nene durante una comida en el chiringuito que sirve para hacer una foto en la piazza del popolo, Y aquí es donde quería yo llegar.
Estoy seguro que cuando Steve decidió no ponerle puerto USB pero sí una cámara de fotos , su intención era fundamentalmente integrarse con las redes sociales: subir una foto propia a tu perfil, pasarle tu foto a tu ligue de internet, dar envidia a tus compis de trabajo mientras pasas la luna de miel en la Maldivas o hacer una foto de alguien famoso rascándose los huevos en la terraza de un chiringo y tuitearla. Pero seguro que lo que no pensó es que la gente se dejara su nikon o Canon en casa y salieran a fotografiar Roma, París o Nueva York cargados con su Ipad.
Obviando el asunto de la calidad o la ausencia de un flash digno, es incomodísmo hacer fotos con un Ipad, más aun si lo que pretendes es sacar una foto de algo que está rodeado de gente tipo la Gioconda o el Manneken Pis, situación que te obliga a subir el ipad por encima de la cabeza de la gente y tapas la perspectiva de otos 100 turistas que luchan por esa instantánea.
Pero lo peor no es el uso del Ipad, sino su uso junto a la funda protectora desplegable. Cuando tratan de hacerse sitio entre otras personas no se dan cuenta que ésta cuelga del Ipad balanceándose y golpeando en la cabeza al resto de personas que luchan por esa puesta de sol con la Alhambra de fondo.
Uno solo puede agradecer que Samsung no haya inluido una cámara en sus televisores de 42 pulgadas.
